Más que un montaje escénico, el suyo es un pretexto para compartir el dolor de una pérdida, la muerte de un ser querido y ofrecer una perspectiva diferente de cómo enfrentar a la muerte. No, no crea usted que Susana Alexander nos hará pasar un mal momento, al contrario, la suya es una voz que acaricia, que abraza, que acompaña.
Hay un guiño cómplice en su invitación, así que si usted está dispuesto a dejarse llevar por el poder de la palabra, no puede dejar de verlo y conocer la presentación de esta singular y siempre sorprendente actriz.
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